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martes, 11 de enero de 2011

POEMAS DESENCANTADOS (Daniel Pérez Orgaz) neobeatnik XXI


POEMAS DESENCANTADOS ( Fragmentos)

Fotografía: http://www.flickr.com/photos/sherekam_1989/

“Fenómenonatural”

Terremoto de sensaciones

en el centro de mi ser,

tu y yo

dos placas tectónicas

que acaban de chocar.


“Réquiem por mi ciudad”

Poco tiempo,

unos nueve años,

huele a cenizas y ataúd,

hemos perdido el espíritu,

los jóvenes huyen a otros lugares

en busca de una vida mejor.

El parque apesta a vejez,

¿qué nos ha pasado?

No quedan lugares de ocio,

los parques ya no son para nosotros

nos resguardamos en visiones de algo mejor,

un pequeño placebo

que nos aleja de pensionistas y jubilados,

de sus charlas aburridas

sobre toros o cualquier otro tema anticuado.

Escribo desde el exilio estudiantil

al que me vi obligado a huir.

Se que te deje sola,

volveré a por ti.

Aunque ya no estés

recitare esto en tu entierro.








(Daniel Pérez Orgaz)
Autor neobeat español del siglo XXI ,

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Bomba por Gregory Corso (beatnik)


Bomba


Motor de la Historia Freno del Tiempo Tu Bomba
Juguete del universo Los más Grandioso de lo arrebatado al cielo No puedo odiarte
¿Acaso odio al travieso rayo la quijada de un asno?
La gibosa maza de Un Millón A.C. la Maza el látigo el hacha
La Catapulta Da Vinci el tomahawk de Cochise el trabuco de qué chispa de Kidd la daga de Rathbone
AH y la triste y desesperada pistola de Verlaine Pushkin Dillinger Bogart
Y acaso no tenía S. Miguel una ardiente espada San Jorge una lanza David una honda
Bomba eres tan cruel como el hombre te hace y no más cruel que el cáncer
Todos los hombres te odian ellos preferirían más morir de un accidente de coche de un rayo ahogados
Cayendo desdes una azotea la silla eléctrica un ataque de corazón vejez vejez Oh Bomba
Preferirían más morir de cualquier cosa que no fueras tú El dedo de la Muerte trabaja por si mismo
No es tarea del hombre decidir si explotas o no la Muerte hace muy que ha distribuido su
azul categórico Te canto Bomba extravagenate de la Muerte jubileo de la Muerte
Gema del más supremo azul de la Muerte El aviador estrellará su muerte será diferente
de la del escalador que caerá morir por una cobra no es morir por un cerdo en mal estado
Algunos mueren por la humedad de algunos mares algunos por el hombre de cabellos espesos en la noche
Oh hay muertes como brujas de Arc Scarey muertos como Boris Karloff
Muertos sin sentimiento como nacimientos muertos muertes sin pena como el viejo dolor de Bowery
Muertos abandonados como los de la Pena Capital muertos majestuosos como los senadores
Y muertos impensables como Harpo Marx chicas de las portadas de Vogue de mi propiedad
No sé como es de horrible la muerte por la Bomba sólo me lo imagino
Aun así ningun muerto que conozca tiene una preview tan ridícula que yo vea
una ciudad la ciudad Nueva York vertiendo ojos asustados en el refugio del metro
Cuentas y cuentas una torpeza de la humanidad de Altos tacones doblados
Los gorros vuelan La juventud olvidando sus peines
Señoras sin saber qué hacer con sus bolsas de la compra
Impertérritas máquinas de chicle Todavía peligroso el tercer raíl
Los hermanos Ritz del Bronz atrapados en el tren A
El poster sonriente de Schenley siempre sonreirá
Traviesa muerte Bomba Sátira Muerte Bómbica
Tortugas explotando sobre Estambul
Las garras voladoras del jaguar
que rápidamente se hundirán en la nieve ártica
Pingüinos lanzados contra la Esfinge
En lo alto del Empire State
clavado en un campo de brócoli en Sicilia
Eiffel modelada como una C en los Jardines de Magnolia
Santa Sofia descascarillándose sobre Sudán
Oh Muerte atlética Bomba Deportiva
los templos de los tiempos primeros
sus grandes ruinas cesadas
Electrones Protones Neutrones
juntando cabellos de las hespérides
andando por el doloroso golfo de Arcadia
uniendo timoneles de mármol
entrantando en el anfiteatro final
con sentimiento de himnodia de todas las Troyas
proclamando antorchas de cipreses
de carreras de plumas y banderas
y todavía conociendo a Homero con una huella de gracia
He aquí el equipo visitador del Presente
el equipo local del Pasado
La lira y la tuba acopladas juntas
Escucháis la salchicha soda olivas uva
gala galaxia vestida y uniformada
comisario Oh los felices stands
Raíz etérea y vítores y silbidos
La asistencia billonaria sin precedentes
El pandemonium zeusiano
Hermes compitiendo con Owens
La pelota ensalivada de Buda
Cristo expulsado por tres strikes
Lutero escabulléndose a la tercera base
Muerte de Planetario Hosanna Bomba
El chorro se levantó al final Oh Bomba de Primavera
Ven con tu túnica de dinamita verde
desamenaza el inviolado ojo de la Naturaleza
Delante de tu enrevesado pasado
Detrás tuyo el llamativo Futuro Oh Bomba
Atada dentro l’aire herboso de trompeta
como el zorro del grito del cazador
tu campo el universo tu valla el geo
Salta Bomba Atada Bomba retoza en zig zag
Las estrellas un enjambre de abejas dentro tu bolso de fiesta
Engancha ángeles en tus pies de jubileo
ruedas de luz de lluvia sobre tu asiento entarimado
Tú estás listo y contempla tú estás listo
y los cielos están contigo
Hosanna creciente calor glorioso conexión
BOMBA Oh destrucción antifonia grieta fusa BUM
Bomba señala al infinito un horno repentino
desperdiga tu multitudinario y conseguido barrido
muestra agenda espeluznante
Estrellas carroñeras planetas osarios carcasas de elementos
Cadaveriza el universo he, he, he! brincando con-el-dedo-en-la-boca
sobre su larga larga muerte Ni
Desde tu aligerado y envuelto ojo espasmódico
exhaustos diluvios de celestiales espíritus
De tu apelacional matriz
vomita ráfagas de grandes gusanos
Rasgate la barriga Bomba
de tu barriga derraman saludos buitrales
Adelante batalla tus dedos adornados con muñones de hiena
a lo largo del cariz del Paraíso
Oh Bomba Oh el definitivo Flautista
tanto el sol como la luciérnaga bailan el último vals de tu choque
Dios abandonado ridículamente desnudado
bajo su delgado apocalipsis salpicado de falso talco
No puede sentir tus aflautadas
feliz-el-día profanaciones
Es derramado sordo dentro de la oreja verrugosa del Silenciador
Su Reino una eternidad de cera cruda
Atascados trompetazos lo desentrompen
Angeles lacrados lo descanten
Un Dios sin Trueno Un Dios muerto
Oh Bomba tu BUM Su tumba
Que me tumbe cabeza adelante sobre una mesa de ciencia
un astrólogo interesándose en prosa de dragon
medio entendido en guerras bombas especialmente bombas
Que somos incapaz d’odiar aquello que es necesario amar
Que no puedo existir en un mundo que consiente
un niño en un parque un hombre muriendo en una silla eléctrica
Que soy capaz de reir de todas las cosas
todo lo que sé y todo lo que no sé por para así ocultar mi dolor
Que digo que soy un poeta y por eso amo a todo el mundo
a sabiendas de que mis palabras son la conocida profecía de todos los hombres
y mis no palabras no menos que un barco conocido
Que soy múltiple
un hombre que persigue las grandes mentiras de oro
o un poeta vagando entre cenizas brillantes
o aquello que yo imagino de mi mismo ser
un sueño de tiburón dentado un comedor de sueños
No necesito ser un sabiondo sobre bombas
Felizmente porque si sintiera que las bombas fuesen orugas
no dudaría que se volverían mariposas
Hay un infierno para las bombas
Son allá las veo allá
Se sientan en pedazos y cantan canciones
sobretodo canciones Alemanas
y dos canciones Americanas muy largas
y ellos desearían que hubieran más canciones
especialmente canciones Rusas y Chinas
y algunas más canciones Americanas muy largas
Pobre pequeña Bomba que nunca será
una canción Esquimal que quiero
Quiero poner un chupachup
dentro de tu boca curvada
Una peluca rizada y rubia sobre tu pelada habichuela
y hacerte brincar conmigo como Hansel y Gretel
a lo largo de las pantallas de Hollywood
Oh Bomba en la cual todas las cosas preciosas
morales y físicas participan ansiosamente
Oh copo de hada cosechado desde el
árbol más grande del universo
Oh trozo del cielo que ofrece
tanto a la montaña y al hormiguero un sol
Estoy derecho ante tu fantástica puerta de lirio
te llevo de rosas Midgardian almizcle Arcadia
Reputados cosméticos de las muchachas del cielo
Dame la bienvenida no tengas miedo de abrir tu puerta
ni la gris memoria de tu fantasma frío
ni los chulos de clima indefinido
su cruel deshielo terrestre
Oppenheimer está sentado
en el oscuro foco de Luz
Fermi está seco en la Mozambique de la Muerte
Einstein su boca de mito
una corona de pies de cabra sobre la cabeza del calamar lunar
Déjame entrar Bomba levántate desde este rincón preñado de ratas
no tengas miedo de las escobas levantadas ni de las naciones del mundo
Oh Bomba te quiero
Quiero besar tu repiqueteo metálico comer tu bum
Tú eres un canto de gloria un cénit del chillido
un lírico sombrero del Señor Trueno
Oh haz resonar tus rodillas de tanque
BUM BUM BUM BUM BUM
BUM vosotros cielos y BUM vosotros soles
BUM BUM vosotros lunas vosotros estrellas BUM
vosotros noches BUM vosotros días vosotros BUM
BUM BUM vosotros vientos vosotros nubes vosotros lluvias
Hizo BANG vosotros lagos vosotros océanos BING
Barracuda BUM y puma BUM
Ubangui BANG orangután
BING BANG BONG BUM abeja oso babuino
vosotros BANG vosotros BONG vosotros BING
la cola la aleta el ala
Sí Sí entre nosotros una bomba caerá
Las flores botarán de placer por sobre sus doloridas raíces
Los prados se arrodillarán orgullosos bajo los aleluyas del viento
Florecerán Bombas rosa Bombas de alce revivirán sus orejas
Ah muchas bombas ese día dedicarán al pájaro una mirada amable
A pesar de todo no es necesario decir que una bomba caerá
o incluso afrontar que el fuego celestial se apaga
Sabed que la tierra hará una madona de la Bomba
que en los corazones de los hombres que vienen más bombas nacerán
bombas magistrales envueltas en armiño todas maravillosas
y se sentarán cataclac sobre los imperios gruñones de la tierra
feroces con mostachos de oro




...

jueves, 25 de noviembre de 2010

Aullido, Howl (Fragmento) por Allen Ginsberg



Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,
arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo,
hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna,
que pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche fumando en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre las cimas de las ciudades contemplando jazz,
que desnudaron sus cerebros ante el cielo bajo el El y vieron ángeles mahometanos tambaleándose sobre techos iluminados,
que pasaron por las univeowl sidades con radiantes ojos imperturbables alucinando Arkansas y tragedia en la luz de Blake entre los maestros de la guerra,
que fueron expulsados de las academias por locos y por publicar odas obscenas en las ventanas de la calavera,
que se acurrucaron en ropa interior en habitaciones sin afeitar, quemando su dinero en papeleras y escuchando al Terror a través del muro,
que fueron arrestados por sus barbas púbicas regresando por Laredo con un cinturón de marihuana hacia Nueva York,
que comieron fuego en hoteles de pintura o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o sometieron sus torsos a un purgatorio noche tras noche,
con sueños, con drogas, con pesadillas que despiertan, alcohol y verga y bailes sin fin,
incomparables callejones de temblorosa nube y relámpago en la mente saltando hacia los polos de Canadá y Paterson, iluminando todo el inmóvil mundo del intertiempo,
realidades de salones de Peyote, amaneceres de cementerio de árbol verde en el patio trasero, borrachera de vino sobre los tejados, barrios de escaparate de paseos drogados luz de tráfico de neón parpadeante, vibraciones de sol, luna y árbol en los rugientes atardeceres invernales de Brooklyn, desvaríos de cenicero y bondadosa luz reina de la mente,
que se encadenaron a los subterráneos para el interminable viaje desde Battery al santo Bronx en benzedrina hasta que el ruido de ruedas y niños los hizo caer temblando con la boca desvencijada y golpeados yermos de cerebro completamente drenados de brillo bajo la lúgubre luz del Zoológico,
que se hundieron toda la noche en la submarina luz de Bickford salían flotando y se sentaban a lo largo de tardes de cerveza desvanecida en el desolado Fugazzi’s, escuchando el crujir del Apocalipsis en el jukebox de hidrógeno,
que hablaron sin parar por setenta horas del parque al departamento al bar a Bellevue al museo al puente de Brooklyn,
un batallón perdido de conversadores platónicos saltando desde las barandas de salidas de incendio desde ventanas desde el Empire State desde la luna,
parloteando gritando vomitando susurrando hechos y memorias y anécdotas y excitaciones del globo ocular y shocks de hospitales y cárceles y guerras,
intelectos enteros expulsados en recuerdo de todo por siete días y noches con ojos brillantes, carne para la sinagoga arrojada en el pavimento,
que se desvanecieron en la nada Zen Nueva Jersey dejando un rastro de ambiguas postales del Atlantic City Hall,
sufriendo sudores orientales y crujidos de huesos tangerinos y migrañas de la china con síndrome de abstinencia en un pobremente amoblado cuarto de Newark,
que vagaron por ahí y por ahí a medianoche en los patios de ferrocarriles preguntándose dónde ir, y se iban, sin dejar corazones rotos,
que encendieron cigarrillos en furgones furgones furgones haciendo ruido a través de la nieve hacia granjas solitarias en la abuela noche,
que estudiaron a Plotino Poe San Juan de la Cruz telepatía bop kabbalah porque el cosmos instintivamente vibraba a sus pies en Kansas,
que vagaron solos por las calles de Idaho buscando ángeles indios visionarios que fueran ángeles indios visionarios,
que pensaron que tan sólo estaban locos cuando Baltimore refulgió en un éxtasis sobrenatural,
que subieron en limosinas con el chino de Oklahoma impulsados por la lluvia de pueblo luz de calle en la medianoche invernal,
que vagaron hambrientos y solitarios en Houston en busca de jazz o sexo o sopa, y siguieron al brillante Español para conversar sobre América y la Eternidad, una tarea inútil y así se embarcaron hacia África,
que desaparecieron en los volcanes de México dejando atrás nada sino la sombra de jeans y la lava y la ceniza de la poesía esparcida en la chimenea Chicago,
que reaparecieron en la costa oeste investigando al F.B.I. con barba y pantalones cortos con grandes ojos pacifistas sensuales en su oscura piel repartiendo incomprensibles panfletos,
que se quemaron los brazos con cigarrillos protestando por la neblina narcótica del tabaco del Capitalismo,
que distribuyeron panfletos supercomunistas en Union Square sollozando y desnudándose mientras las sirenas de Los Álamos aullaban por ellos y aullaban por la calle Wall, y el ferry de Staten Island también aullaba,
que se derrumbaron llorando en gimnasios blancos desnudos y temblando ante la maquinaria de otros esqueletos,
que mordieron detectives en el cuello y chillaron con deleite en autos de policías por no cometer más crimen que su propia salvaje pederastia e intoxicación,
que aullaron de rodillas en el subterráneo y eran arrastrados por los tejados blandiendo genitales y manuscritos,
que se dejaron follar por el culo por santos motociclistas, y gritaban de gozo,
que mamaron y fueron mamados por esos serafines humanos, los marinos, caricias de amor Atlántico y Caribeño,
que follaron en la mañana en las tardes en rosales y en el pasto de parques públicos y cementerios repartiendo su semen libremente a quien quisiera venir,
que hiparon interminablemente tratando de reír pero terminaron con un llanto tras la partición de un baño turco cuando el blanco y desnudo ángel vino para atravesarlos con una espada,
que perdieron sus efebos por las tres viejas arpías del destino la arpía tuerta del dólar heterosexual la arpía tuerta que guiña el ojo fuera del vientre y la arpía tuerta que no hace más que sentarse en su culo y cortar las hebras intelectuales doradas del telar del artesano,
que copularon extáticos e insaciables con una botella de cerveza un amorcito un paquete de cigarrillos una vela y se cayeron de la cama, y continuaron por el suelo y por el pasillo y terminaron desmayándose en el muro con una visión del coño supremo y eyacularon eludiendo el último hálito de conciencia,
que endulzaron los coños de un millón de muchachas estremeciéndose en el crepúsculo, y tenían los ojos rojos en las mañanas pero estaban preparados para endulzar el coño del amanecer, resplandecientes nalgas bajo graneros y desnudos en el lago,
que salieron de putas por Colorado en miríadas de autos robados por una noche, N.C. héroe secreto de estos poemas, follador y Adonis de Denver -regocijémonos con el recuerdo de sus innumerables jodiendas de muchachas en solares vacíos y patios traseros de restaurantes, en desvencijados asientos de cines, en cimas de montañas, en cuevas o con demacradas camareras en familiares solitarios levantamientos de enaguas y especialmente secretos solipsismos en baños de gasolineras y también en callejones de la ciudad natal,
que se desvanecieron en vastas y sórdidas películas, eran cambiados en sueños, despertaban en un súbito Manhattan y se levantaron en sótanos con resacas de despiadado Tokai y horrores de sueños de hierro de la tercera avenida y se tambalearon hacia las oficinas de desempleo,
que caminaron toda la noche con los zapatos llenos de sangre sobre los bancos de nieve en los muelles esperando que una puerta se abriera en el East River hacia una habitación llena de vapor caliente y opio,
que crearon grandes dramas suicidas en los farellones de los departamentos del Hudson bajo el foco azul de la luna durante la guerra y sus cabezas serán coronadas de laurel y olvido,
que comieron estofado de cordero de la imaginación o digirieron el cangrejo en el lodoso fondo de los ríos de Bowery,
que lloraron ante el romance de las calles con sus carritos llenos de cebollas y mala música,
que se sentaron sobre cajas respirando en la oscuridad bajo el puente y se levantaron para construir clavicordios en sus áticos,
que tosieron en el sexto piso de Harlem coronados de fuego bajo el cielo tubercular rodeados por cajas naranjas de Teología,
que escribieron frenéticos toda la noche balanceándose y rodando sobre sublimes encantamientos que en el amarillo amanecer eran estrofas incoherentes,
que cocinaron animales podridos pulmón corazón pié cola borsht & tortillas soñando con el puro reino vegetal,
que se arrojaron bajo camiones de carne en busca de un huevo,
que tiraron sus relojes desde el techo para emitir su voto por una eternidad fuera del tiempo, & cayeron despertadores en sus cabezas cada día por toda la década siguiente,
que cortaron sus muñecas tres veces sucesivamente sin éxito, desistieron y fueron forzados a abrir tiendas de antigüedades donde pensaron que estaban envejeciendo y lloraron,
que fueron quemados vivos en sus inocentes trajes de franela en Madison Avenue entre explosiones de versos plúmbeos & el enlatado martilleo de los férreos regimientos de la moda & los gritos de nitroglicerina de maricas de la publicidad & el gas mostaza de inteligentes editores siniestros, o fueron atropellados por los taxis ebrios de la realidad absoluta,
que saltaron del puente de Brooklyn esto realmente ocurrió y se alejaron desconocidos y olvidados dentro de la fantasmal niebla de los callejones de sopa y carros de bomba del barrio Chino, ni siquiera una cerveza gratis,
que cantaron desesperados desde sus ventanas, se cayeron por la ventana del metro, saltaron en el sucio Passaic, se abalanzaron sobre negros, lloraron por toda la calle, bailaron descalzos sobre vasos de vino rotos y discos de fonógrafo destrozados de nostálgico Europeo jazz Alemán de los años 30 se acabaron el whisky y vomitaron gimiendo en el baño sangriento, con lamentos en sus oídos y la explosión de colosales silbatos de vapor,
que se lanzaron por las autopistas del pasado viajando hacia la cárcel del gólgota -solitario mirar- autos preparados de cada uno de ellos o Encarnación de Jazz de Birmingham,
que condujeron campo traviesa por 72 horas para averiguar si yo había tenido una visión o tú habías tenido una visión o él había tenido una visión para conocer la eternidad,
que viajaron a Denver, murieron en Denver, que volvían a Denver; que velaron por Denver y meditaron y andaban solos en Denver y finalmente se fueron lejos para averiguar el tiempo, y ahora Denver extraña a sus héroes,
que cayeron de rodillas en desesperanzadas catedrales rezando por la salvación de cada uno y la luz y los pechos, hasta que al alma se le iluminó el cabello por un segundo,
que chocaron a través de su mente en la cárcel esperando por imposibles criminales de cabeza dorada y el encanto de la realidad en sus corazones que cantaba dulces blues a Alcatraz,
que se retiraron a México a cultivar un hábito o a Rocky Mount hacia el tierno Buda o a Tánger en busca de muchachos o a la Southern Pacific hacia la negra locomotora o de Harvard a Narciso a Woodland hacia la guirnalda de margaritas o a la tumba,
que exigieron juicios de cordura acusando a la radio de hipnotismo y fueron abandonados con su locura y sus manos y un jurado indeciso,
que tiraron ensalada de papas a los lectores de la CCNY sobre dadaísmo y subsiguientemente se presentan en los escalones de granito del manicomio con las cabezas afeitadas y un arlequinesco discurso de suicidio, exigiendo una lobotomía al instante,
y recibieron a cambio el concreto vacío de la insulina Metrazol electricidad hidroterapia psicoterapia terapia ocupacional ping pong y amnesia,
que en una protesta sin humor volcaron sólo una simbólica mesa de ping pong, descansando brevemente en catatonia,
volviendo años después realmente calvos excepto por una peluca de sangre, y de lágrimas y dedos, a la visible condenación del loco de los barrios de las locas ciudades del Este,
los fétidos salones del Pilgrim State Rockland y Greystones, discutiendo con los ecos del alma, balanceándose y rodando en la banca de la soledad de medianoche reinos dolmen del amor, sueño de la vida una pesadilla, cuerpos convertidos en piedra tan pesada como la luna,
con la madre finalmente ****** [i] , y el último fantástico libro arrojado por la ventana de la habitación, y a la última puerta cerrada a las 4 AM y el último teléfono golpeado contra el muro en protesta y el último cuarto amoblado vaciado hasta la última pieza de mueblería mental, un papel amarillo se irguió torcido en un colgador de alambre en el closet, e incluso eso imaginario, nada sino un esperanzado poco de alucinación-
ah, Carl, mientras no estés a salvo yo no voy a estar a salvo, y ahora estás realmente en la total sopa animal del tiempo-
y que por lo tanto corrió a través de las heladas calles obsesionado con una súbita inspiración sobre la alquimia del uso de la elipse el catálogo del medidor y el plano vibratorio,
que soñaron e hicieron aberturas encarnadas en el tiempo y el espacio a través de imágenes yuxtapuestas y atraparon al Arcángel del alma entre 2 imágenes visuales y unieron los verbos elementales y pusieron el nombre y una pieza de conciencia saltando juntos con una sensación de Pater Omnipotens Aeterna Deus
para recrear la sintaxis y medida de la pobre prosa humana y pararse frente a ti mudos e inteligentes y temblorosos de vergüenza, rechazados y no obstante confesando el alma para conformarse al ritmo del pensamiento en su desnuda cabeza sin fin,
el vagabundo demente y el ángel beat en el tiempo, desconocido, y no obstante escribiendo aquí lo que podría quedar por decir en el tiempo después de la muerte,
y se alzaron reencarnando en las fantasmales ropas del jazz en la sombra de cuerno dorado de la banda y soplaron el sufrimiento de la mente desnuda de América por el amor en un llanto de saxofón eli eli lamma lamma sabacthani que estremeció las ciudades hasta la última radio
con el absoluto corazón del poema sanguinariamente arrancado de sus cuerpos bueno para alimentarse mil años....


Allen Ginsberg. San Francisco, 1955-1956

lunes, 1 de noviembre de 2010

Discurso de la ola - Hunter S. Thompson




San Francisco a mediados de los ’60: un tiempo y un lugar muy especiales para ser parte de ellos. Tal vez eso significara algo. Tal vez no, a la larga... pero ninguna explicación, ninguna combinación de palabras o de música o de recuerdos puede rozar la sensación de saber que estabas allí, vivo, en ese rincón del tiempo y el mundo. Sea lo que fuera que significase...

“Es difícil hablar de La Historia, por todas las mentiras de mierda, pero incluso sin estar seguros de La Historia, parece enteramente razonable pensar que, cada tanto, la energía de toda una generación se condensa en un largo y magnífico instante, por razones que nadie realmente entiende en su momento – y que nunca explican, en retrospectiva, qué es lo que realmente pasó.

“Mi recuerdo principal de esa época parece brotar de una o cinco o tal vez cuarenta noches – o madrugadas – cuando salia de Fillmore medio loco y, en lugar de irme a casa, conducía la gran 650 Lightning a través del puente de la bahía a 160 kilómetros por hora, vistiendo pantalones cortos L. L. Bean y una campera de pastor Butte… yendo a fondo por el túnel de La Isla del Tesoro hacia las luces de Oakland y Berkeley y Richmond, sin estar muy seguro de dónde doblar cuando llegara a un retome (siempre quedándome en el peaje, demasiado dado de vueltas como para poner punto muerto mientras buscaba cambio…) pero estando absolutamente seguro de que no importaba qué camino tomara, porque siempre llegaría a un lugar donde la gente estaría tan volada y salvaje como yo lo estaba: no había duda de eso.

“Había locura en todas las direcciones, a cualquier hora. Si no era a través de la Bahía, entonces era Golden Gate arriba o bajando la 101 hasta Los Altos o La Honda... Podías hacer saltar chispas en cualquier parte. Había una fantástica sensación universal de que fuera lo que fuera lo que estábamos haciendo estaba bien, que estábamos ganando...

“Y eso, creo, era lo principal - esa sensación de victoria inevitable sobre las fuerzas del Mal y de lo Viejo. No en una forma mezquina o militar; no necesitábamos eso. Nuestra energía simplemente prevalecería. No tenía sentido pelear - de nuestro lado o del de ellos. Teníamos todo el impulso; estábamos montados en la cresta de una ola alta y hermosa...

“Y ahora, menos de cinco años después, puedes subir a la cima de una colina empinada en Las Vegas y mirar hacia el Oeste, y si sabes mirar casi podrás ver el punto hasta donde llegó el agua - ese lugar en el que la ola finalmente rompió y comenzó a retroceder”.

Hunter S. Thompson
Extracto de Miedo y asco en las Vegas 1971



....

domingo, 30 de agosto de 2009

Los más raros . Bukowski






No es frecuente verlos
porque donde hay multitud
ellos no están.
Esos tipos raros no son
muchos,
pero de ellos provienen
los pocos cuadros buenos
las pocas buenas sinfonías
los pocos buenos libros
y otras obras.
Y de los mejores de los
extraños quizá nada.
Ellos son
sus propias pinturas
sus propios libros
su propia música
su propia obra.
A veces me parece
verlos por ejemplo
cierto viejo
sentado en cierto
banco de una cierta
manera o un rostro fugaz
en un automóvil
que pasa
en dirección contraria o
hay un cierto movimiento
en las manos
de un chico o una chica
que empaqueta las cosas
en el supermercado.
A veces incluso es alguien
con quien estuviste
viviendo algún tiempo,
te vas a dar cuenta
de una mirada rápida
y luminosa que nunca
le habías visto antes.
A veces
sólo notarás su
existencia
repentinamente en un
vívido recuerdo.
Algunos meses
algunos años
después de que se hayan ido.
Recuerdo a uno:
Tenía unos veinte años
iba borracho a las 10 de la mañana
se miraba en un espejo
resquebrajado de Nueva Orleans,
un rostro soñador
contra los muros del mundo
¿Qué ha sido de mí?